Una antología de relatos de Tierra del Fuego atravesada por el rugido del viento

Nunca mejor utilizada la palabra “inclemencia”, asociada usualmente al clima, para designar la severidad del viento y las heladas que dominan los relatos de la antología Vidas Humanas En Tierra Del Fuego, y que atraviesan además la interioridad de sus personajes.

Una antología de relatos de Tierra del Fuego atravesada por el rugido del viento
Una antología de relatos de Tierra del Fuego atravesada por el rugido del viento

Esta compilación, editada por la Universidad de Tierra del Fuego, como resultado de un concurso convocado este año por esa casa de altos estudios con la idea de “abordar las transformaciones recientes del territorio, reúne los 10 cuentos premiados.

Télam dialogó con los ganadores de primer y segundo lugar: Nicolás Romano (“El viejo de los perros”) y Federico Rodríguez (“El abrazo”), y con Jorge Rivadeneira (“La carrera de las nubes”) y Nora Guastini (“Los propietarios”), quienes se adjudicaron una mención.

Bonaerense residente en Ushuaia, Romano, autor del libro de relatos A palo seco, trabaja un lenguaje repujado por la jerga local y un modo contundente de metaforizar (“contra el hueso del horizonte se despelleja el día”), ubica a su personaje en una soledad que es llamarada y ocaso, allí donde, escribe, “sólo los perros saben leer el presagio tatuado en la piel de la tarde”.

En una geografía hostil, en el cuento se ratifica ese clima severo que simboliza soledad, viento e intemperie: “El clima se impone en estos lares y el hombre se sobrepone. He escrito con una pata en el monte Olivia y la otra en el monte Susana; y el viento siempre corriendo”, dice el escritor.

“Se habla de ‘los 40 rugientes’ porque al sur de los 40 grados de latitud sur se escucha rugir al viento. Al sur de los 50 son ‘los 50 aullantes’ y al sur de los 60 dicen que el viento ulula -menciona-. También dicen los navegantes que más allá de los 40 grados no hay ley, y más allá de los 50 no hay Dios”.

En su narrativa predomina el retrato de personajes de la región como Cristóbal. “El viejo existió, se había quedado sordo y no se podían comunicar con él, sólo se comunicaba con los perros. Pero estos no permitieron que sacara los pies del plato de polenta y le masticaron el audífono. Hacía rato que observaba “ese paisaje de perros en las ventanas” y pergeñaba cómo entrar; lo escribí tras una investigación grande”.

A su turno Federico Rodríguez (nacido en Río Grande y coautor del libro El origen del viento) habla de su cuento “El abrazo”, donde se cruzan el desamparo con el amor. ”Se gestó a partir de una historia de Arlt: unos muchachos bromean en una esquina, uno de ellos orina los zapatos de un hombre que pasa; el tipo saca un arma y lo mata. Lo imaginé cafisho y condenado a Ushuaia”.

En otro libro, agrega Rodríguez, leyó sobre mujeres yámanas que se prostituían a principios del siglo XX.

“En “El abrazo” este ex convicto atraviesa el Canal de Beagle para encontrarse con su ‘protegida’; un hombre que vive la dualidad de odiar y amar a esta isla desamparada”. Y en el centro del relato está el penal, un espacio que sobrevuele en la memoria de los habitantes de Ushuaia.

“Es un espacio que está grabado en la mitología de la isla. El historiador fueguino Mingo Gutiérrez contaba sobre ‘el pacto pionero’: en Tierra del Fuego: no se averiguaba el ayer del que llegaba, y éste no preguntaba sobre el pasado de los que lo precedieron. Era una forma de convivir. El silencio adelante y por detrás la culpa, y el intento de olvidar”.

Por su parte, Nora Guastini, catamarqueña que reside en Ushuaia, habla del cementerio a orillas del mar y asegura que en Tierra del Fuego “son espacios en los que domina la diversidad. Allí terminan  todos, más allá de su origen”.

“La presencia observadora del hombre originario -continúa-, que no interviene en las discusiones entre los ‘blancos’, lo posiciona como ajeno. Claramente no es un excluido, es un observador que no termina de entender qué pasó con su lugar y que en vida no se planteó la necesidad de definir la propiedad de tierra, que sentía naturalmente como propia”.

Los lugareños son personas llegados de Formosa, Córdoba, Italia, Buenos Aires, Polonia, Chile, algo que muestra la complejidad de la construcción social de la provincia.

“A diferencia de otras zonas de la Patagonia, los nacidos en Tierra del Fuego fueron escasos, siempre hubo conflictos entre nativos y migrantes. De ahí que sea tan frecuente recordar el día exacto del arribo como lo hacen los distintos personajes. Esa fecha constituye un nuevo nacimiento en esta ‘fueguinidad’ atípica.

Por último Rivadeneira, tucumano residente en Tierra del Fuego, autor del libro de poesía “Bocanadas” ratifica la presencia de ese viento -que atraviesa casi todos los cuentos de la antología- se despega de la realidad y asume una trama fantástica.

“La idea de la carrera de las nubes es utilizar una forma de explorar la realidad a través de la ruptura de la misma; tal vez por influencia del psicoanálisis ubiqué a la escena dentro de la escena. Allí el viento es una figuración permanente, la única forma en que las nubes pueden moverse y en el arrebato jugarle una carrera a la razón”, explica.

Y concluye: “Quise transmitir una historia que parece simple, pero al desarrollarse dentro de tiempos y espacios cambiantes, los personajes logran obstaculizar la rutina y volcarse a disfrutar en una escena imposible del tiempo inexistente en la realidad mundana”.

“El cuento se juega en un instante desplegado en tres tiempos: realidad, ruptura y sueño, como un globo que los saca a pasear. Y en espacios que rompen barreras del pensamiento, necesarios para recrear el mundo”, remata Rivadeneira.

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