Norman Briski: el papá récord

Norman Briski. A los 77 años, será padre de gemelas. Cuando le cuestionan el tiempo que vivirá con sus hijas, prefiere hacer foca en la intensidad del afecto que les dará.

Norman Briski: el papá récord

Antes de la entrevista hubo varias idas y vueltas con Norman Briski. No tiene agente de prensa, sino una actriz santafesina, Valeria, que hace de tal. De a ratos, por mail, ocupó ese rol su compañera, también actriz, Eliana Wassermann. Briski pidió que vea la versión “libertaria” que dirige de Ricardo III, en Calibán, su teatro; que espere su regreso de Paraguay donde presentó La empanada verde, creación colectiva basada en la experiencia de los vecinos de la Villa 21. Por último, no fue explícito, pero dio por sentado que se iba a tratar con respeto su paternidad, a los 77 años, de las gemelas que nacerán entre agosto y septiembre. Lo básico. Es que hubo algunas repercusiones mediáticas salvajes de la noticia que no le cayeron bien a él, ni le caerían bien a nadie.

¿De verdad entraste al Guinness?

Sí, me lo contó mi hijo Gastón. Soy el único que con mi edad va a tener gemelas.

¿Lo estaban buscando?

Ni sí ni no. Ellas vienen por amor. Mi compañera tiene un entusiasmo enorme. Todo mi entorno es así. Me alientan desde que me levanto. Me van a ayudar mucho en esto de traer dos seres nuevos a estas longitudes y latitudes.

¿Cuáles fueron tus emociones?

Me alegra, me asusta, me preocupa. No duermo, duermo.

Toda la inestabilidad junta.

Claro, todo eso me pasa. Y sueño, ¿sabés? Cuando vimos la ecografía fue algo movilizador. Estoy con esa idea, y voy dejando algunas cosas que pueden pasar a otro lugar.

¿Sabés los nombres?

No los puedo hacer públicos.

Cambiamos de tema. Estás haciendo una versión “libertaria” de “Ricardo III” ¿En qué consiste eso?

Que no estoy sujeto a ningún interés de que esta versión sea un instrumento. ¿Qué interés puedo tener yo en defender a Ricardo III o en atacarlo? ¿Será que a Ricardo III lo inventó Shakespeare para el teatro?¿Será la historia de nuestro país la que nos enseñan? Me parece que la obra tiene el valor libertario en el sentido de saber más de lo que pasó.

La primera impresión que transmite tu obra es la de un protagonista desvariando sobre la historia inglesa.

Lo que pasa es que nosotros tenemos una tendencia a creer que todo lo anómalo es producto de la locura, porque no tenemos ni siquiera una relación con la neurosis. Entonces se mata (Alberto) Nisman y es un esquizofrénico agudo. Siempre creemos arreglar los problemas con la categoría de una patología. Hay locos, claro, pero Ricardo III fue un tipo que supo que iba a durar poco; fue alguien preparado para la guerra, no para el poder, y entonces lo discriminaron. Me pasó algo parecido cuando volví a la Argentina; por estar en Montoneros fui discriminado. Y también, me decían “estás loco”. Esa categoría de loco entra bien cuando no se entiende una conducta que le da poca importancia a la vida y genera mucha entrega. El teatro busca lo distinto, no lo loco.

Cuando volviste del exilio, ¿te sentiste, como Ricardo III, descolocado en tiempos de paz?

Yo no estaba preparado para la guerra, sino para la guerrilla que es una búsqueda de la paz. La guerrilla no se inventa para la guerra. Hubo muchas cosas traumáticas que sucedieron con mi vuelta, estuve preso algunos días apenas llegué. La aproximación a Ricardo III tiene esas identificaciones con mi historia. Es que uno está hecho con pedazos de muchos.

Venís de una familia ligada al Partido Comunista, ¿cómo hacés la conversión al Peronismo de Base?

Mi viejo era un PC pro soviético, su preocupación fue cómo educar a los jóvenes en tener una idea de lo social. Era un discurso alentador y, al mismo tiempo, la consecuencia de una Revolución que sucedió muy lejos de acá. Y al peronismo lo tenía en la escuela. Fui a un Industrial, una creación neta del peronismo. Ahora se vuelve a eso, pero las segundas vueltas no son tan buenas ni tan claras.

¿Cómo ves el debate actual en torno a la militancia joven?

Cuando voy a la Villa 21, o a cualquier lugar, la marginación de este país sigue siendo enorme. Aparece la urgencia de sobrevivir que borra toda participación que no tenga intereses. Puede ser una limitación generacional, pero nosotros quisimos construir sociedades distintas. Ahora es “lo que se puede”. Y se bajan las ideas como si fuese imposible la invención de nuevas maneras. El teatro puede decir “miren que hay otras maneras”. Se pide una cosa estructural distinta, por ejemplo, que la herencia no sea una manera de eludir la producción. Imaginate una sociedad que diga “no hay más herencia”. Se verían unos cuantos militantes en problemas. Por eso inventamos Empanada verde, sobre una mujer a quien los partidos aturden con propuestas sin densidad.

¿Es posible el “teatro popular”?

No solo es posible, es necesario. En las barriadas aturdidas por urgencias, la importancia del teatro es la importancia del fútbol. Sin eso sería más grave. No hay ningún lugar donde hayamos tenido un incidente y hemos visto y recorrido mucho. Nosotros sacamos material de las obras de los barrios.

Volvemos a los gemelas, porque se te trató mal apenas se supo el tema.

Me han negado esa información, me cuidan de que no lea eso como si fuese un funcionario público.

Me cuesta pensar que te preocupe “el que dirán”.

Esos prejuicios sociales los tengo muy mangiados.

Desde qué lugar te van a decir algo en este país, ¿no?

Bueno, ¿querés que hablemos? Acá hay mucha gente pacata, difícil, que sale con cacerolas.

También varios tendrían ganas de poder hacer lo que hiciste.

Sí, eso puede ser en el fondo. También entiendo que alguien diga ‘Che, ¿cuántos años van a vivir con vos tus gemelas?’ Ahí respondo que importa la intensidad del afecto que pueda darles. La Argentina es un país que quiero, y he conocido muchos en diez años de exilio. Hace poco fui al Chile de Bachelet ¡Y mierda! ¡Para ir a al baño tenés que tener plata! No podría vivir en un lugar así. Acá nadie está tranquilo, siempre habrá una respuesta de todo tipo a lo que está pasando.

Incluso que aparezca alguien como Blumberg y después te enteres que nunca fue Ingeniero.

Los que se institucionalizan caen solos. (Sergio) Massa, ahora parece una masita y hace poco podríamos haber firmado que era el próximo presidente. Eso me interesa de este país: tiene una velocidad que, en el peor de los casos, produce culpa. Y en el mejor, una idea muy fuerte de libertad.

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