Mis bisnietos preguntarán pronto qué fue el cine sonoro

Peter Greenaway augura el advenimiento de una forma nueva del “séptimo arte”

Mis bisnietos preguntarán pronto qué fue el cine sonoro
Mis bisnietos preguntarán pronto qué fue el cine sonoro.

Antes de llegar al país, el director inglés dialogó en exclusiva con Clarín sobre sus ideas cinematográficas.

Desde sus primeros cortometrajes de la década del ‘60 y ‘70, el cineasta galés Peter Greenaway ha estado buscando una depuración del lenguaje cinematográfico, una forma de expresión que no esté determinada por el gran imperativo literario que ha sido la marca registrada del cine sonoro.

Es probable que la formación como artista plástico haya influenciado al director de El vientre del arquitecto y Escrito en el cuerpo, pues a lo largo de toda su carrera, profusa en experimentos visuales, Greenaway no ha dejado de preguntarse qué es una imagen cinematográfica. Cada película suya ha sido una tentativa de respuesta.

Invitado por la Universidad Nacional de San Martín, institución que le otorgará al cineasta el título de doctor honoris causa, Greenaway impartirá dos conferencias gratuitas, el miércoles 4 y el jueves 5, una de ellas titulada “El cine ha muerto, larga vida al cine”. Esta última disertación la viene presentando en todo el mundo a lo largo de los últimos años, como si se tratara de una misión profética en la que el artista se ve obligado a anunciar un cambio de paradigma.

Greenaway pertenece a un linaje de cineastas, como Sergei Eiseistein, Jean-Luc Godard o Alexandre Kluge, que no desestima la reflexión teórica sobre su praxis. Según él, el cine recién empieza a desvincularse de su herencia literaria. Es justamente ese el cine que agoniza. Es también un tiempo propicio para que el cine se reinvente.

-Una de sus conferencias se titula “El cine ha muerto, larga vida al cine”. Su afirmación no parece ser una mera provocación. ¿Qué quiere decir con eso?

-Espero que usted se haya dado cuenta de la ironía de esa afirmación. Recuerde que en la Revolución Francesa se solía decir “El rey ha muerto, larga vida al rey”. Esa afirmación implica una suerte de cambio, una alteración en los hábitos y también la creación de nuevos hábitos. Estoy seguro de que vivimos en la era de la pantalla, pero a su vez ya no estamos en la era del cine. Existe una forma de manifestación, a la que podríamos denominar poscinematográfica, y que será relevante en el futuro.

-¿En qué sentido estaríamos transitando un período poscinematográfico?

-En un principio se presume que existía un fenómeno en el dominio del cine llamado cine mudo. Ya no vemos rastros de esa invención constituida en 1895, que llegó hasta la aparición del cine sonoro en 1929, un período de unos 30 años aproximadamente que pertenece al pasado. ¿No cree usted que es así? Algunas veces los niños ven alguna película de Charles Chaplin o Buster Keaton, o en alguna ocasión los académicos que se dedican a los archivos del cine pueden tener curiosidad por constatar cómo se veía un tranvía en Chicago en 1921, pero el público en su gran mayoría no tiene ningún interés en el cine mudo. Si el período del cine mudo, el cual dio miles de películas y produjo una enorme cantidad de materiales, en la actualidad es enteramente ignorado, ¿no cree que algo similar sucederá con el cine sonoro? Estoy convencido de que mis bisnietos preguntarán pronto qué fue el cine sonoro.

-¿Cree que lo poscinematográfico esté asociado solamente a un cambio en las formas de ver películas?

-En un número reciente de Variety, publicación que expresa la esencia de Hollywood, se afirma que tan sólo el 5% de la población mundial ve cine en las salas de cine. Es decir que el 95% restante recurre a formas de exhibición enteramente distintas. Ven las películas en teléfonos, computadoras, televisores. En mi propia definición del cine, uno mira una pantalla que es que más grande que uno y en compañía de una gran cantidad de espectadores. Esa experiencia se ha convertido en un fenómeno tan extraño como increíble en casi todo el mundo. Desconozco qué sucede en Argentina, pero estoy seguro de que esa tendencia es ostensible en su país. La gente ve películas fuera de una sala de cine. Se trata de una indicación de que el cine ha cambiado muy rápido y de que se está convirtiendo en otra cosa.

– ¿No habría además una mutación en las poéticas cinematográficas?

-Sí, lo mismo puede decirse en otro sentido. La muerte del cine también puede ser vista desde el interior del cine y su funcionamiento. Hemos visto muchas películas, hemos visto todas las historias, los chistes, los universos morales. Con tan sólo 6 minutos de ver una película ya se sabe de qué se tratará y se puede predecir qué tipos de conducta moral estarán implícitos en ese relato. Los clisés son reconocibles de inmediato. El cine narrativo está agotado y suele ser aburrido porque hemos visto todo. Estas son algunas de las razones que tengo para decir que el cine ha muerto.

-Usted ha insistido en distinguir entre un tipo de imagen que está vinculada a la literatura y otra naturaleza de la imagen que tendría solamente que ver con el cine. ¿A qué tipo de diferencia alude?

-Soy prejuicioso porque mi formación es la de un pintor. Pienso que el cine debe organizar el sentido y comunicarse en términos visuales. Pero la mayor parte del cine que hemos visto funciona como un texto. Lo que ha dominado por décadas es un tipo de cine basado en el texto. Frente a tanto texto filmado, sospecho que no hemos conocido aún un tipo de cine basado en el cine. Lo que hemos visto en 120 años, de 1895 a 2015, es una modalidad del cine que no es otra cosa que texto ilustrado. Y la ilustración no es necesariamente cine.

-¿Cree usted que la revolución digital constituye una oportunidad para explorar un cine desmarcado de su condicionamiento literario?

-Rara vez hemos visto una expresión cinematográfica que esté circunscripta enteramente al cine. Un cine que se sostenga en su propio vocabulario, gramática y sintaxis. Hasta ahora el cine ha sido siempre una forma híbrida. Lo que debemos decir entonces es que en estos 120 años de existencia del cine tan sólo hemos conocido el prólogo. Hemos estado jugando por mucho tiempo con esta concepción del texto ilustrado. Quizás con la revolución digital estemos transitando las condiciones para madurar e intentar entender todo lo que el cine puede hacer. Es el momento para empezar a hacer un cine cuyas imágenes estén sostenidas en el cine y no en la literatura.

-¿Cree usted que en su propia obra podemos ver ejemplos de un cine escindido del imperativo literario?

-En mi última película, Eisenstein en Guanajato intenté desarrollar ese lenguaje cinematográfico. Queremos un cine independiente y autónomo, un ejemplo perfecto de lo que se quiso decir alguna vez con la expresión “séptimo arte”.

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