Mariano Mores el gran maestro

Fue un melodista excepcional y compositor de obras maestras del tango como “Uno”, junto a Enrique Santos Discépolo.

Mariano Mores el gran maestro
Mariano Mores el gran maestro

Como decía el poeta Horacio Ferrer, le hubiera bastado con haber compuesto “Cafetín de Buenos Aires” para ser estimado entre los mayores talentos melódicos de todo el tango. Pero Mariano Mores estaba destinado a dejar más páginas memorables para el género: “Uno”, “Gricel”, “Cuartito azul”, “Cristal”, “En esta tarde gris” y “Cada vez que me recuerdes”. A los 16 años ya había escrito junto al letrista Mario Battstella, uno de los que sería uno de los clásicos definitivos de su repertorio “Cuartito azul”, surgido de la inspiración en la pensión donde vivía en Villa del Parque y su noviazgo con Myrna Mores, conformó el Trío Mores.

El muchacho de barrio criado en San Telmo, que empezó como un niño prodigio del instrumento -podía leer una partitura a primera vista y escribir música- ingresó en la orquesta de Roberto Firppo a los 14 años. Mores avizoraba como el tango se empezaba a transformar en el lenguaje cotidiano de la ciudad y quería que su música se pudiera silbar en las calles y en los tranvías. Junto a los poetas Enrique Santos Discépolo, José María Contursi, Cátulo Castillo y Enrique Cadícamo, que fue encontrando en su camino, Mores logró encarnar un sonido, sin fecha de defunción, que reflejara el sentimiento popular de la esquina de barrio, el vacío existencial de la soledad y el hablar cotidiano del cafetín.

Armando sociedades compositivas de lujo, Mariano Mores escribió obras maestras del género como “Uno” junto a Enrique Santos Discépolo. “Era encantador, un bohemio divino. Un hombre singular. Tardó tres años en entregarme la letra de “Uno””, recordaba el músico. Fue el único poeta con el que trabajó ida y vuelta. Generalmente Mores hacía la música y el poeta ponía la letra. Así fue el trabajo con José María Contursi que funcionó como un tandem creativo y exitoso. “Como compositor empecé con Batistella, luego Vacarezza, después conocí a José María Contursi en el Germinal, allí tocaba Aníbal Troilo. Me acerqué a felicitarlo por la reciente “Milonga de mis amores” que había hecho con Pedro Laurenz. Tenía un éxito increíble con las mujeres… ¡bah! los dos teníamos éxito. Lo primero que hicimos fue “En esta tarde gris”, luego un tango por año: “Gricel”, “Cada vez que me recuerdes”, “Cristal”, “Tu piel de jazmín””. La mayoría de esas composiciones fueron los grandes éxitos de las grabaciones de la Orquesta de Aníbal Troilo con Francisco Fiorentino, una de las típicas más populares en la década del cuarenta.

En el estilo musical de Mores se percibe la influencia melódica de Lucio Demare, el clasicismo tanguero de Carlos García y el vanguardismo de Horacio Salgán. Pero esas influencias, a las que habría que sumar con el tiempo la ambición orquestal de Francisco Canaro, con el que estuvo desde 1939 hasta 1948, le permitieron crear una identidad melódica tan sofisticada como de un apasionado sentir popular. “Yo soy un músico popular que siente el tango tal como es, y cuyo único empeño consiste en develar su rico contenido emocional y descriptivo”, decía el músico que había adoptado el apellido de Myrna Mores, la que sería su mujer de toda la vida.

Después de llevar adelante una de las carreras más longevas del género, se retiró de los escenarios hace cinco años, Mariano Mores estaba tranquilo. A los 98 años, había refrendado su pasión por la música nacional con los aires camperos de “Adiós pampa mía”, su guiño a la guardia vieja y al sainete porteño con “El patio de la morocha” y su homenaje a los bailarines con las milongas “El firulete”,”Taquito Militar” y “Tanguera”. Hasta pudo saldar su deuda autoral con el poeta Homero Manzi, que antes de morir le entregó la letra para una “Una lágrima tuya”. Sabía que había cumplido largamente con su misión de ser un músico popular. Sus tangos fueron grabados por las mejores orquestas, las mejores voces desde Agustín Vargas hasta el Polaco Goyeneche, sus temas se siguen silbando en las veredas de las calles porteñas y sus tangos existenciales seguirán acompañando al porteño en el derrotero de su soledad con tangos como “Uno”: “Uno busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias. Sabe que la lucha es cruel y es mucha, pero lucha y se desangra por la fe que lo empecina”.

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